lunes, junio 27, 2011

Fuego


Necesitaba encender un cigarro para completar la postal melancólica de las tardes de invierno, así que se acercó para pedirle fuego al único que fumaba bajo el toldo de una panadería. El viento los obligó a acercarse, hasta que sin saberlo, lo besó. Pasada la fuerte brisa, continuó su camino mientras humo salía de su boca.

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