
Carta al director La Tercera 08.09.08
Si gastara todo el tiempo que uso sacando cuentas en trabajar por mis metas, tal vez habría conseguido muchísimas más... pero la gracia también está en planear.
La moneda es la que corre
Cuando era chica iba a la casa de mi prima casi todos los fines de semana, tenemos la misma edad y vivíamos cerca en un lugar alejado de nuestras compañeras de colegio. Lo típico era que ella me llamaba y me invitara a tomar té a su casa. Cuando llegaba allá, después de mirarnos a la cara un rato alguna decía ¿juguemos a las barbies? y entonces ella sacaba todas las muñecas rubias que su papá le había traído de EE.UU y por su puesto la colorina (Teresa) que era de su uso exclusivo, bueno algunas veces me la prestaba. Repartíamos las barbies y nos poníamos a armar la casa (debo decir que mi prima hoy es arquitecta), organizábamos la historia y todos los detalles que ese día les corresponderían vivir a Teresa y sus amigas. Con patines hacíamos autos y casas super espectaculares con todo lo que había a mano. En eso nos gastábamos la tarde y cuando terminábamos de ordenarlo todo para que las chicas perfectas tuvieran su vida perfecta, justo cuando no quedaba nada que pudiera faltar en su casa, entonces nos aburríamos y decidíamos no jugar más.
Debo reconocer que cuando bauticé este blog fue con más expectativas que realidad. Nunca pensé que verdaderamente las cosas se transformaran minuto a minuto, sobre todo porque mi lentitud emocional siempre me ha impedido, en cierta forma, darme cuenta de lo rara que a momentos se vuelve la vida.Ayer regresé de un gran viaje y hoy murió la matriarca de mi familia. No creo que me haya esperado especialmente, pero lo cierto es que alcancé a darle un beso y me lo devolvió. Una mujer situada en la cima de la pirámide familiar y que desde su trono se enteraba de todo lo que pasaba a su alrededor, alguien contra la que muchas veces refunfuñé, pero de la que cada día encuentro más herencia en mi ("lo que se hereda no se hurta", dice uno de mis refranes favoritos). Mi titi era un personaje maravilloso y especial, murió en paz rodeada de sus seres queridos. Nos dejó para cuidar a su marido que no para de llorarla y recordar que la conoció hace cuarenta años, un par de días después de que él llegara a vivir Santiago desde Argentina. La vio y se enamoró, pololearon 6 años y se casaron a los 23. El 28 de enero celebramos su ultimo cumpleaños en grande, como a ella siempre le gustó, y la despedimos hoy con una iglesia llena de gente que en alguna forma fue marcada por ella. Se fue la más fuerte de la familia, parecia abuelita de cuento, pero tras la fachada tiernucha se escondía una mujer de armas tomar a la que nadie le pasaba gato por liebre. Supongo que desde el cielo o alguna parte buena y tranquila seguirá guiando nuestros pasos y procurando que la familia se mantenga.
Me quiero ir de vacaciones, pero me quiero ir ¡ya! Precisamente ese es el problema de las vacaciones: La ansiedad que se genera en torno a ellas. No basta con que uno esté cansado después de un arduo año de estudios o trabajo, sino que además, empieza a visualizar ese periodo ideal en alguna “playa paradisíaca” o viviendo una “aventura increíble” (independiente de que finalmente las cosas sean así) y entonces, la necesidad de estar ahí te corroe por dentro y todo lo que haces, lo haces pensando en ese momento ideal en el que todo será motivo de risas y toda la gente se convierte en tus amigos (mi amigo el vendedor de hamburguesas de la playa, mi amigo el recepcionista de la hostal, mi amigo el gringo con el q carretié el otro día, etc.) Obviamente, pasadas las vacaciones, nunca más volverás a ver al vendedor de hamburguesas y lo que sea de su vida, probablemente, no te afectará en lo más mínimo. Pero en ese momento puedes jurar de guata que esa es tu vida ideal y piensas mil maneras de alargar la estadía e incluso sueñas con algún negocio que te permita vivir en ese lugar eternamente. El problema, repito, son los días previos. Todo te molesta, te sientes agotado y sólo quieres que llegue el día de la partida.
¿Estoy generalizando algo que sólo me pasa a mí o a los demás les sucede algo similar?
Saludos y disfruten sus vacaciones (eviten sufrir durante los días previos, sólo conserven la leve sonrisa que se asoma por sus labios cuando se imaginan en su destino de este año).
Queridos Viejo Pascuero y Niño Jesús:
Estoy escuchando FM2, sola, con las canciones más románticas y melosas que creo haber escuchado en mi vida. La verdad nunca fueron mi fuerte, pero como que hoy me gustan. No estoy deprimida ni nada por el estilo, pero me gustan. Mi conciencia dice que debo cambiar la radio, pero mi subconsciente se niega a hacerlo y por el momento me da tema para escribir.El punto es ¿por qué nos (o me) avergüenza escuchar esta música? a final de cuentas hace sentir bien o mal... por lo menos provoca un sentimiento y debo reconocer que, pese que los detesto, puedo dejar pasar alguna canción de Maná por todo el resto de las romanticonas que en el fondo del alma me alegran. El punto es que entre lo mejor de tu vida me lo he llevado yo... y otras melodías del tipo, me dan ganas de conversar, pero curiosamente hoy no hay nadie con quien conversar. Algo hay en el melodrama que nunca dejará de ser un buen tema para canciones (obvio), películas, teleseries, y demás historias vendibles. ¿Hay alguien que no sucumba ante este tipo de cebollería?
Este post es sobre lo rápido que lo que conocemos pasa de ser una cosa a otra, es decir, de los cambios. Hoy hablaba con la hermana de mi abuelo, la tía Dolly. Ella me decía que uno de sus mayores miedos era el momento en que ya no le dieran licencia para conducir. "A muchas amigas les ha pasado, porque se empiezan a enfermar y ya no ven o se han caído y tienen que usar bastón". Algo que parece tan trivial como eso, marca la diferencia (para ella) entre ser autosufiente y dependiente. De un día para otro todo cambia, es como dejar de ser un individuo para pasar a ser un viejo.Pero no sólo con las personas pasa eso, también con las cosas y la comida.
La primera vez que comí sushi tenía como 14 años y no me gustó para nada. Mi hermano, que es una suerte de innovador o líder de opinión de bajo perfil, nos lo llevó para que probáramos esta maravilla y supongo que se debe haber sentido bastante desilusionado al darse cuenta que nadie apreciaba este manjar que, además, era carísimo. En esa época y hasta hace un par de años atrás, en esa época el sushi era como el pariente rico de la comida china, era la cumbre del estatus, algo reservado para grandes ocasiones. Sin embargo, ahora hay casi tantos restoranes de sushi como chinos o por lo menos, los suficientes para que su precio sea accesible y para regodearse entre unos y otros.
El caso es que mi papá, quien suele obsesionarse con algo y no dejarlo hasta que aparece otra cosa, descubrió que también traen sushi a domicilio y últimamente no hemos tenido tiempo para ir al supermercado, así que hemos comido más sushi que en mis anteriores 25 años y nueve meses (lo cual no deja de ser bueno, porque antes pasamos por la etapa de la pizza y comerla varias veces a la semana es un atentado para cualquier dieta). Pero, y sin afán de quejarme, yo que siempre decía que podría comer sushi toda la vida sin aburrirme, debo reconocer que todo tiene su límite. No crean que ha dejado de gustarme, solo que 5 veces en dos semanas es un poco mucho.
A lo que iba. Todo cambia. ¡Pero que gran descubrimiento! ¿me darán un premio por eso o
Me encanta la palabra fastidio, no sé por qué. Debe ser que la encuentro como decidora y entretenida... (igual que "Me tinca", "pulento/a", "¿cachai?", "cabros/as" y unas cuantas más que no recuerdo en este momento).